Japón: Privados de privacidad

En esta oportunidad le daremos la bienvenida a Michelle, una joven originaria de California que actualmente se encuentra viviendo en la pequeña villa de Chibu, un poblado de pescadores en el districto de Oki. Ser uno de los dos extranjeros en un pueblito con tan solo 600 habitantes es una experiencia que sin dudas presenta un montón de aventuras. A través de su blog You, Me, And A Tanuki, podemos acceder a diferentes crónicas de la vida cotidiana, el backstage de todo eso que sabemos de la cultura japonesa, pero con detalles que no dejan de sorprendernos. Aprovechando el testimonio de Michelle, y en nuestro afán de desandar el camino de lo cotidiano, hablaremos sobre un tópico que no es polémico, pero que reúne matices interesantes: la privacidad en Japón.

La afirmación de nuestra interlocutora es categórica en ese sentido: en comparación con Estados Unidos, la privacidad en Japón es casi una excusa. ¿Queres tomarte un tiempo libre durante tus vacaciones de verano? No hay problema alguno, pero tendrás que informar durante cuanto tiempo te iras y tu destino, para que tu jefe se encargue de repartir esa información entre todos tus compañeros de oficina. ¿Te equivocaste grosso en el trabajo? Tu falta quizás sea enmendada, pero probablemente seas regañado y puesto en ridículo frente al resto de los empleados. ¿Un familiar cercano decidió emprender ese viaje del que nunca se vuelve? Deberás hacer un anuncio público para que todo el mundo sepa del deceso de ese ser querido.

Multitud en Japón

Sin embargo, nuestra amiga Michelle se topó con el colmo a la invasión a la privacidad durante los controles anuales de salud. En su carácter de empleada publica se ve obligada a tener estos controles una vez al año. Por un lado suena muy bien, ya que posee una excelente cobertura de salud de manera gratuita y sin la necesidad de complicarse con turnos o citas burocráticas, pero por el otro…bueno, ya verán.

En Chibu, el control de salud se lleva a cabo en la segunda planta del Ayuntamiento. El primer paso consiste en dirigirse hacia una gran sala, con distintas estaciones/escritorios en los que dejamos nuestra planilla y donde se controlan nuestra altura y peso. Todo esto sucede por supuesto frente a todos nuestros compañeros de control. Pese a que en comparación con la mujer japonesa promedio el peso de Michelle es un poco elevado, no tenía motivos para sentirse avergonzada, ya que se considera una persona saludable. Una vez expuesto nuestro peso y altura, debemos tomarnos unas simples radiografías de pecho. Siempre es extraña la sensación cuando uno se expone a los rayos X, pero suponemos que por tratarse de una experiencia anual nuestra salud no corre riesgos.

Hasta acá no notamos nada demasiado diferente a las rutinas sanitarias de control que se hacen en los distintos países del mundo, pero tenemos un largo camino por delante. Una vez completada esta etapa, llegamos al tan temido test de orina. Esta fue la segunda experiencia de Michelle, aunque confiesa que todavía no se acostumbra. La señora encargada de esta sección nos da un pequeño recipiente. No, no se apresuran a sacar conclusiones. No es de esos recipientes de plástico con tapita, sino que es un simple vaso de papel color verde, con una línea que marca el límite al que debemos llegar, ni menos, ni más. No hay forma de ocultar nuestro pis del resto de los asistentes. Quizás esta sea la parte mas vergonzosa de todo el control. Sumado a eso y casi como una estrategia puesta a disposición del ridículo, los baños se encuentran al otro lado de la gran sala, pro lo que una vez llenado el ”vasito” debemos caminar por toda la sala haciendo equilibrio, casi como si no quisiéramos derramar el café de la mañana. Desde afuera seguramente se ve como un espectáculo cómico: decenas de personas caminando como zombis de vejiga floja intentando no chocar entre sí ni derramar el extraño contenido. Esta experiencia me recuerda a un viejito en medio de un partido de beisbol que temblequeante caminaba entre el publico con los brazos en alto para no desparramar su tazón caliente repleto de udon. Luego de transitar esos metros, entregar el pis a la enfermera es una experiencia que puede reparar en algunas sorpresas. Pero que limpita es tu orina ¿No es cierto?. Ese fue el comentario de la Dama del Pis. Imaginen la cara de Michelle al ver como las personas que esperaban detrás escuchaban esa sugerente declaración.

Atravesada esta etapa, continuamos con el resto de los exámenes médicos, por supuesto en compañía de nuestros compañeros de trabajo, gente del pueblo y médicos de otros lugares reunidos para la ocasión. Test de audición, de visión, presión arterial, sanguíneos, dentales y demás. El velo de privacidad era sumamente delgado, todos seguíamos expuestos y en apariencia contentos.

Michelle confiesa que esta experiencia le resultó sorprendente y en cierta forma se asustó un poquito. Apenas con algunos meses viviendo en Japón, estaba orgullosa de la libertad norteamericana y el aprovechamiento de la privacidad. Esta segunda vez fue un poco chocante, pero no tan aterradora. Poco a poco me estoy acostumbrando a resignar parte de mi intimidad, entendiendo que es todo parte de una experiencia colectiva, donde nadie tiene nada que ocultar. Mi mentalidad americana a veces reacciona frente a este tipo de situaciones, pero se que es cuestión de tiempo para que concluya y me habitúe nos dice la joven residente.

Habrán notado con este ilustrativo ejemplo las diferencias que existen en este sentido. Quizas nosotros, mosaico de diversas culturas (originarias y europeas), tenemos otro concepto diferente de la privacidad, en cierta forma similar al que describimos líneas atrás, pero para el modelo de relacionarse de los anglosajones, representa todo un desafío. La intimidad y privacidad, son valores que admiten graduaciones, y más allá de que existan limites socialmente acordados, la nota de subjetividad es clara. Muchos estamos dispuestos a sacrificar nuestra privacidad en determinadas situaciones (¿Acaso Facebook no es un claro ejemplo?), pero titubeamos frente a otras que nos resultan desconocidas. Esta ha sido otra pieza en ese gran rompecabezas cultural que pretendemos armar a partir de estos informes. ¿Cuáles son tus NO en relación con la privacidad? ¿Dónde están los límites? ¿Cómo te sentirías en una situación como la de Michelle? Sabés muy bien que tus comentarios suman a esta idea de Xiahpop de conocernos un poco más a partir de las diferentes temáticas planteadas;los esperamos.

Via: You, Me, And A Tanuki




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