“Still The Water” de Naomi Kawase

Still the waterAquellos que vivimos cerca del mar establecemos con él un vínculo que día tras día pasa por diferentes estadios. Hay momentos en los que nos sentimos pequeños frente a su inmensidad y apenas podemos acercarnos, temerosos de perdernos entre sus olas. Los hay de los otros también, ciclos de vida en los que necesitamos tener contacto con el agua y en una privada comunión delegar en él parte de nuestra imprudente existencia. Frente a la nueva película de Naomi Kawase podemos experimentar la misma sensación; todo depende del nivel de entrega con el que nos dispongamos a verla.

Ambientada en la bella isla de Amami-Oshima, un archipiélago ubicado entre Okinawa y Kyushu, “Still the water” (2つ目の窓 Futatsume no mado) girará en torno a la incipiente relación entre Kaito (Nijiro Murakami) y Kyoko (Jun Yoshinaga), dos jovencitos en los albores de su despertar sexual. Este punto en particular será por momento el hilo conductor de la trama, aunque en otros será puesto a un costado para dar paso a otros aspectos de su vida en común. A partir de ellos descubriremos a quienes lo rodean, familias comunes y corrientes pero atravesadas por esos pequeños dramas existenciales que logran colmar los espacios en los que el tiempo no hace bien su trabajo. Con temas tan terrenales como la separación de una pareja, “Still the water” avanza hacia cuestiones más genéricas (y profundas) como la muerte y aquello con lo que nos encontraremos al partir de este mundo.

Si hay algo que aprendí a valorar de este tipo de cine, es que está libre de moralina. Las cuestiones son puestas sobre la pantalla con la naturalidad que requieren y no hay en ello un esfuerzo por dejar un mensaje que nos atraviese. La orilla está ahí, somos nosotros quienes decidimos acercarnos o tomar prudente distancia. Claro que por momentos es inevitable sentirse conmovido por el componente espiritual con el que Kawase pinta algunas de sus escenas, especialmente cuando el exotismo de los habitantes de Amami-Oshima colma el film.

Si logras conectar con ciertos pasajes de la trama, Naomi habrá logrado su cometido, pues nos invita a ser participes de un humilde (aunque trabajado) vínculo con la Naturaleza. Por momentos resulta sobrecogedora la fuerza con la que se manifiesta, poniendo toda la atención en los constantes tifones que golpean a la Isla, traducción no siempre oportuna del estado emocional de los protagonistas.

Still the water” es una película para ver con el corazón en calma, un cable a tierra entre tanto despropósito urbano. Como decimos acá, la oportunidad para bajar un cambio. Destaco en ella la exquisita fotografía de la mayoría de las escenas, merito tanto de la directora como del increíble entorno natural en el que fue filmada. En el plano actoral, no puedo hacer más que quedarme con Jun Yoshinaga, joven de rasgos amables y sufridos a los que el tono tostado propio de la isla imponen un aura especial, y al que considero el personaje más mimado por Kawase. Espero que pronto tomen parte de su tiempo para descubrir en esta película algo que les haga bien, pues las estimo conmovedora de principio a fin. Quienes cerca del mar vivimos sabemos cuanto cura y aquí se logró interpretar esa experiencia de manera meritoria.




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