[Review] “Suki-tte ii na yo” de Asako Hyuga

Sukitte Ii Na YoPromediando la semana se me antojó una historia romántica para cortar un poco con la rutina. Confieso que no es mi género preferido pero los orientales tienen un especial talento para hacer del melodrama una experiencia atractiva. Pese a que no leí el manga y tampoco ví la versión animada, opté por el live action de “Suki-tte ii na yo” (好きっていいなよ), una de las películas más populares del año pasado en Japón y sin dudas una de las historias preferidas entre las muchachas de ese país y ultramar.

Mei Tachibana (Haruna Kawaguchi) es una jovencita a la que la experiencia escolar no le ha resultado muy grata. Desde pequeña se ha desencantado con sus compañeros de curso, luego de que la traicionaran. Lo que para otros significaría nada más que una travesura, para ella se convirtió en un evento dramático que marcó su carácter a fuego. A partir de ese momento se volvió una muchacha apática, esquiva de las relaciones con otras personas e introspectiva. El otro protagonista de la historia es un jovencito totalmente opuesto. Yamato Kurosawa (Sota Fukushi) es el chico más popular de la preparatoria; no hay chica que no se sienta atraída por él. De hecho circula el mito de que ha besado a todas y cada una de ellas. Sin embargo, luego de que un malentendido los cruce en uno de los pasillos de la escuela, Yamato solo tendrá ojos para la misteriosa Mei.

Es a partir de ese encuentro cuando comenzamos a transitar el camino de esta historia de amor. Un punto que destaco es que las intenciones de Yamato para con Mei son honestas desde el minuto uno. En “Sukki-tte ii na yo”, lo gestual juega un rol tan importante como lo textual y es a partir de la mirada esquiva de Tachibana o la sugestiva sonrisa de Kurosawa que podemos interpretar lo que los personajes sienten, independientemente de lo que digan. Los conflictos emocionales de los protagonistas quedan en evidencia desde el principio y no son pudorosos al manifestarlos, dejando al espectador otra muestra más de franqueza.

A lo largo del film también tenemos la posibilidad de conocer a los compañeros de Mei y Yamato. Es así que encontramos a Rima Nishizaki, quien interpreta a la carismática aunque también insegura Asami Oikawa, quien roba los suspiros de Kenji Nakanishi, interpretado en esta oportunidad por Tasuku Nagase. Aiko Muto también tiene su lugar en esta adaptación y para ello se sirve de Rika Adachi, responsable de algunas de las escenas más reflexivas del film, principalmente por el mensaje que transmiten para los jóvenes de toda una generación donde lo superficial a veces es lo que predomina. Hacia el final conoceremos también a Kai Takemura (Tomohiro Ichikawa), antiguo compañero de Yamato, quien se las vio duras en su infancia por el acoso de sus compañeros de curso. Independientemente de que los rasgos generales de estos personajes caen en los clásicos arquetipos de la preparatoria, cada uno de ellos aporta lo necesario a una historia que se nutre de sentimientos y sensaciones que son muy comunes en el mundillo adolescente.

Sukitte Ii Na Yo - Elenco

Al ver “Suki-tte ii na yo” es inevitable no notar que estamos frente un live action. De hecho algunas escenas sobran pero están ahí solo para ilustrar de manera fidedigna algunos de los pasajes del manga, generando así la inmediata empatía con los lectores más fieles. La música no se destaca pero es lo suficientemente buena para acompañar las escenas clave. Un rasgo que me parece meritorio destacar es el manejo de la luz. Quizá la copia a la que accedí no era de la mejor calidad pero por momentos algunos planos parecían “instagrameados”.

Al terminar la película recordé un pensamiento de Erich Fromm que siempre me resultó muy ilustrativo: “El amor infantil sigue el principio: Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: Me aman porque amo. El amor inmaduro dice: Te amo porque lo necesito. El amor maduro dice: Te necesito porque te amo.” Creo que los protagonistas de “Suki-tte ii na yo” (好きっていいなよ) pasan por cada una de estas etapas, con avances y retrocesos, pero al final del camino logran entender en parte de cual es el verdadero fundamento del vínculo que comenzaron a gestar. Claro está el hecho de que no podemos elegir que sentir, pero está en nosotros encontrar la forma de que ese sentimiento que nace dentro de nosotros alcance junto al otro su expresión más virtuosa.

Por Hiroshi




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