Tokyo Blues – 2: La Residencia

Poco nos había quedado del primer capítulo más que una serie confusa de eventos y una tímida presentación de los personajes. Aunque todavía es mucho el camino que tenemos que recorrer juntos, prefiero a esta altura dejar de lado ese mote y ya no hablar de personajes sino de personas. Es verdad que a todos nos toca interpretar un rol determinado en este plano de la existencia, pero de a ratos se convierte en un calificativo injusto y que nos limita.

Watanabe se encarga en las primeras líneas de este capitulo en darnos coordenadas un poco más precisas sobre su existencia en ese paso algo turbulento de la adolescencia hacia la adultez. A sus 18 años deja la Kobe natal y se traslada a la gran capital para dar inicio a sus estudios universitarios. Lo recibe una enorme residencia estudiantil, un edificio emplazado en un hermoso terreno en las afueras de Tokyo y que se encarga de describir con sumo detalle.

Es muy interesante conocer la intimidad de un lugar con esas características, la distribución de las habitaciones y el microclima que se vive en cada una de ellas. Casi sin quererlo Watanabe nos presenta a su compañero de habitación, un joven algo particular con una pintoresca obsesión higiénica. Uno de los pasajes más interesantes de este fragmento es cuando se describe la primera ceremonia de la mañana, en la que el celador y su ayudante izan la bandera. Sin quererlo esto me abrió los ojos sobre un detalle que lejos está de ser trascendental, pero me hizo pensar: hace años que adoro a la cultura japonesa y no conozco el himno de la nación del Sol Naciente. Claro que es algo trivial y puedo vivir sin ese conocimiento, pero luego de leer esas líneas fui directo a You Tube a escucharlo.

Que su reinado, señor, dure mil generaciones, ocho mil generaciones hasta que los guijarros se hagan rocas y de ellas brote el musgo.

Descubrí una pieza histórica realmente hermosa. No solo su letra es simple y representa de manera fiel la esencia del pueblo nipón, sino que su interpretación y la melodía que la acompaña es preciosa. Por estas latitudes estamos acostumbrados a himnos llenos de fanfarria en los que se narran las gestas heroicas que parieron a nuestras Naciones, muchas de ellas dedicadas al enemigo realista. El himno de Japón no solo no repara en cuestiones bélicas sino que es uno de los más cortos del mundo, todo un detalle.

Retornando a la temática que nos ocupa, nuestro protagonista se pregunta: “¿Por qué tenían que arriarla de noche? Las razones se me escapaban. La nación sigue existiendo durante la noche, y hay mucha gente que trabaja a esas horas. […] Me parecía injusto que todas las personas que trabajaban de noche no contaran con la tutela del Estado.” Otra lúcida reflexión de nuestro estimado Watanabe y en donde que encontré una réplica en la televisión publica de mi país. Todos los días pasada apenas la medianoche suena una hermosa adaptación del himno nacional, dando así clausura a la jornada. ¿Qué será de aquellos que despiertos circulan por las venas de la Nación mientras esta duerme? Quizás no sea más que otra reflexión sin sentido.

Japan Urban

Ya promediando el capitulo nos encontramos nuevamente con Naoko, acompañada de nuestro protagonista y en plena caminata sin aparente destino. Así han sido nuestros primeros encuentros con esta jovencita: una caminata en círculos hacia ningún lugar pero con una energía que nos conduce a la par. El dialogo entre ambos se extiende por algunas páginas y muy de a poco logramos hacernos una idea del vinculo originario que los une. Casi sin quererlo conocemos a Kizuki, el puente entre estas dos almas. Su amistad con Watanabe y lo prematuro de su muerte, se convierten en eventos que marcan a fuego el carácter del joven. Es casi sobre el final de estos párrafos donde junto con el narrador damos vueltas sobre el verdadero sentido de la muerte, llegando a la conclusión de que ella siempre estuvo ahí. Una serie de pensamientos confusos se alojan en su mente y logra resumirlos en una frase corriente pero elocuente: “La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella.”  Cerramos así un nuevo capítulo, los espero en la próxima entrega. Gracias por acompañarme.




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