Traducción: Un puente entre América y Oriente

Como indica el titulo, la traducción es ese puente que nos permite conocer nuevos destinos y acerca culturas que de otra manera se mantendrían en el anonimato. Las lenguas orientales significan todo un desafío para los lectores en español, ya que las traducciones en castellano no abundan y el mercado todavía no está lo suficientemente preparado para abarcar todas las novedades que surgen allí donde los milenarios dragones descansan.

Por ese motivo, tomando como punto de referencia el artículo aparecido en la Revista Ñ, les daré un breve panorama de la situación actual de la traducción, enfocándonos en Argentina, pero extendiendo las conclusiones a toda Latinoamérica.

Miguel Ángel Petrecca, quien nos servirá de brújula en el camino de la traducción de obras chinas, es muy claro al respecto y sentencia: La traducción del chino en la Argentina se encuentra en un estadio muy incipiente de desarrollo. Para confirmar esta aseveración alcanza con observar la ausencia de literatura china en los catálogos de las editoriales argentinas, o con indagar rápidamente en la historia de la traducción del chino en la Argentina. La lista de obras traducidas del chino no sólo es exigua, sino que está dominada por traducciones indirectas, del inglés o del francés […] El fenómeno de la traducción indirecta será el común denominador en estos casos. Muchos de nosotros, por inquietos, hemos intentado leer directamente las obras traducidas en lengua hegemónicas para acceder a material que de otra forma permanecería inalcanzable. Es todo un desafío pero vale la pena el esfuerzo.

Esto se reproduce tanto en la poesía, como en la narrativa y la filosofía. ¿Una explicación para esto? El fenómeno se explica, en parte, por el mayor costo y lentitud de las traducciones directas, pero también por el hecho de que el proceso de recepción de la literatura china sigue mediado por los sistemas editoriales francés e inglés. Ahí está el mercado en el medio, privilegiando una cuestión de costos y haciendo dificultosa la difusión de nuevas obras. Pese a esto, Petrecca es optimista ya que afirma Hoy, con la incipiente creación de un campo de estudios chinos y la aparición de una nueva oleada de viajeros, tal vez sea el momento.

La actualidad hace evidente la trascendencia que adquiere la literatura china en el ámbito internacional. El reciente premio Nobel de Literatura a Mo Yan, pone en evidencia el carácter de su obra y sin dudas será un factor catalizador en el fenómeno de traducción del mandarín al español.

Pasemos ahora a otro de los pilares de la literatura oriental. En este caso, seremos acompañados por el comentario de Anna Kazumi-Stahl, a quién tuvimos la posibilidad de leer en pasados artículos.  Como en el caso anterior, la autora señala la función mediadora del ingles y el francés en la lectura de este tipo de obras. Claro está que todo el mundo no sabe japonés. Algunos estamos dando ciertos pasos en ese sentido, pero para lograr una lectura fluida y de calidad, es necesaria mucha practica y años de estudio. La traducción cumple entonces un rol fundamental.

Kazumi Stahl, señala a algunas de las figuras que fueron importantes a la hora de traducir obras al español.

En el 1957 (cuando la revista Sur dedicó un número a la nueva literatura japonesa), una figura como Kazuya Sakai era una llamativa excepción. Nacido en Argentina, educado en Japón, estuvo de nuevo en Buenos Aires desde 1951 a 1963, instalándose luego en México por casi 4 décadas.[…] Pocos son los ejemplos como el de Sakai. En la década de 1950 era más fácil encontrar a un diplomático japonés que tradujera obras literarias que a un traductor literario. En este sentido, tenemos una deuda cultural con dos ex embajadores: Eikichi Hayashiya tradujo a Basho con Octavio Paz, y Masateru Ito tradujo a Kamo no Chomei.

Sin embargo, el momento actual presenta un escenario diferente: hay más bilingüismo japonés-español, más hispanistas y latinoamericanistas allá, y más seguidores de lo japonés aquí. Las becas de traducción literaria que ofrece la Fundación Japón también son un gran aliciente y en el ultimo tiempo han apuntado a lenguas menores representadas anteriormente, como el español.

Kazumi Stahl pone en evidencia a un circuito de traducción al que habría que prestarle más atención: la colectividad nikkei, es decir aquellos descendientes de japoneses viviendo en el extranjero. Ellos ofrecen el equilibrio ideal entre la lengua nativa y las particularidades culturales de su herencia y el lugar en el que viven. Son muchas las figuras del ámbito local que están encaminadas en proyectos de investigación o traducción literaria orientados a rescatar la riqueza estética de obras japonesas. Aquellos que estamos ávidos de novedades en este ámbito, agradecemos la inquietud por ampliar los horizontes de esa literatura.

Por ultimo, pero no por eso en menor grado de importancia, llega la hora de hablar del coreano. Oliverio Coelho, quien será nuestro referente en este caso, nos ofrece una interesante reflexión, que no solo se aplica a esta particularidad idiomática, sino que es valida para las experiencias lingüísticas anteriores.

Cuando se traduce de una lengua oriental resulta imposible determinar el grado de traición del traductor. La predisposición instintiva, más que la aptitud idiomática, muchas veces hace que ciertas traducciones estén más acabadas que otras. Es que una lengua oriental o bien se conoce a la perfección, o bien permanece en una dimensión confusa. No hay casi término medio.

¿En que instancia nos encontramos? El estudio del coreano es bastante reciente en Hispanoamerica, y todavía no se han formado traductores autosuficientes. Quienes se dedican a la traducción son coreanos especializados en castellano, que desarrollan su actividad en las universidades de Seul o ciudades aledañas.

Es en este punto que el rol del co-traductor cobra relevancia. Al igual que con otras lenguas asiáticas, el dispositivo de traucción es bicéfalo […] por un lado alguien que tiene como lengua materna el coreano; por otro, alguien que escribe en castellano y mantiene con el idioma original del texto una relación afectiva y cultural. Como vemos, las palabras de Coelho son señeras en indicar el camino que actualmente está adoptando este fenómeno de traducción. Destaca que en este caso, el foco se pone en la captación de malentendidos y en los matices. Sabemos que esos pequeños detalles pueden ser trascendentales en una obra literaria.

En otras palabras, el que habla castellano está encargado de pulir la hermenéutica que afantasma la sintaxis del traductor coreano y atender parámetros culturales que, en una primera versión, pueden quedar desfasados para el futuro lector argentino. Se puede pensar que co-traducir es editar un texto. Pero el rol del cotraductor va más allá: se parece al de un afinador.

¿Mi experiencia? En mi condición de encargado de la sección de Literatura trato siempre de combinar las novedades con esos clásicos en los que el tiempo no ha hecho mella. Generalmente recurro a traducciones en ingles o francés, lo que en cierta forma amplia el ámbito de búsqueda, pero las obras traducidas al español no están a la orden del día. Por supuesto que los autores renombrados siempre tienen su lugar en las bateas de las librerías, pero es un escaso porcentaje de la producción literaria de ese rincón de Oriente. La literatura japonesa suele ser la más privilegiada, y a mi entender, es a la que más acceso tenemos. De hecho, el historial de mis publicaciones no hace más que confirmar ese detalle. Todavía hay mucho camino por recorrer si hablamos de China y Corea, pero entiendo que poco a poco , diversos puentes se van construyendo y nos acercamos a un contacto más directo con esa maravillosa tradición cultural. Seguiré con mi labor, intentando compartir con ustedes aquello que encuentre y tratando de hacer más factible el acceso a esos pequeños enormes mundos que encierran las páginas de un buen libro.

Via: Miguel Angel Petrecca, Anna Kazumi-Stahl y Oliverio Coelho en Revista Ñ




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